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miércoles, 19 de diciembre de 2012

La crisis vuelve a poner de moda la caza de pajaritos



Eran escenas de los años de hierro, de los tiempos de la pobreza extrema, el hambre y el analfabetismo. Gentes sin oficio ni beneficio, obligadas a ganarse unas pocas perras gordas cazando pajaritos con cepos de ballesta hechos de chatarra reaprovechada. Que luego se comían fritos en casa o vendían en los bares para ser consumidos como esquelética tapa entre chato y chato de vino.
Zorzales, colirrojos, currucas, gorriones, petirrojos, mirlos,… Ave que vuela a la cazuela. O a la sartén.
¿Escenas del pasado? Desgraciadamente no. Entre otras muchas calamidades esta crisis nos ha traído de nuevo a los pajareros. Especialmente en el sur de la Península, mayoritariamente en los extrarradios de las grandes ciudades, la caza de pajarillos vuelve a estar de moda. De triste moda.
No os confundáis. No es una necesidad. Esta raquítica caza ni da dinero ni aplaca el hambre. Se hace más que por otra cosa por aburrimiento de parado. Por hacer algo. Ajenos a la barbaridad de matar unas avecillas insectívoras que han elegido nuestro país para pasar el invierno. Protegidas con cariño en sus lugares de cría y comidas en el nuestro. Vergonzoso.
Está prohibido, es verdad, pero da lo mismo. Este método es ilegal y la utilización de tales trampas mortales puede suponer desde multas hasta penas de cárcel. El problema es que muchos de quienes deberían perseguirlos les permiten seguir matando con esa condescendencia que da la lástima. Pobre gente. Sólo son unos pajarillos. Unos pocos miles, cientos de miles de pajarillos, de aves canoras, de beneficiosas aves.
Yo no estoy de acuerdo. Seremos pobres pero nos queda la cultura y el respeto a las leyes. Con los cazadores de pajaritos tolerancia cero. ¿No opinas tú lo mismo?

viernes, 18 de febrero de 2011

Los niños no quieren ser cazadores


Los cazadores están muy preocupados, pues cada vez son menos y más viejos. En los últimos 10 años un 20% ha colgado las escopetas ante el escaso interés de sus hijos y nietos por mantener una actividad cinegética cada día más en entredicho. Del casi millón y medio de licencias que había en España en 1990 se ha pasado al escaso millón actual. Y su número sigue bajando año tras año.
Pero esta vez la culpa no la tiene la crisis económica. Se trata tan sólo de la lógica evolución natural de una sociedad que poco a poco se está haciendo más sensible y concienciada en el respeto al medio ambiente y a los derechos de los animales. Salir al campo sí, disfrutar matando no.
Aunque algunos no lo ven así. Según unas recientes declaraciones del presidente de la Federación de Caza de Castilla y León, Santiago Iturmendi, la culpa de esta crisis venatoria la tiene nuestro actual sistema educativo, responsable de lo que él denomina “la cultura de Bambi” que se enseña en los colegios. Esa donde el ciervo es el bueno y el cazador es el malo, y no al revés como en el caso de Caperucita y el lobo.
Por supuesto, el viejo militar también considera culpables a los medios informativos, agitadores de una supuesta campaña de intoxicación generalizada contra esta actividad “desde un desconocimiento absoluto de la realidad de nuestros campos y del medio natural”.
E incluso también se lleva una buena ración de críticas el propio Gobierno y sus normas cada vez más restrictivas en cuanto a conceder permisos de armas a los niños “que prácticamente impiden el relevo generacional”.
Quizá ahí está el futuro, en que personas como Iturmendi se queden sin relevo. Porque qué otra cosa se puede esperar de quien afirma: “La caza es necesaria y la muerte en la naturaleza es consustancial al ser vivo”.
En la imagen, retrato del príncipe Baltasar Carlos cazador (Velázquez, 1635). Eran otros tiempos.

jueves, 3 de febrero de 2011

En 20 años el campo estará despoblado


“Se busca joven para salvar el campo”. Un interesante reportaje de Raúl Limón y Ginés Donaire publicado en El País evidencia “negro sobre blanco” la terrible realidad del campo. El mundo rural se nos muere en España, cada día más despoblado, reducido a un puñado de hombres solteros a punto de jubilarse. Sin ellos, nuestros alimentos serán de peor calidad, nuestros paisajes más monótonos, nuestra cultura más pobre. Pero nadie parece preocuparse ante esta tragedia que se nos avecina.
Algunos terribles datos aportados por los periodistas:
>Menos del 20% de la población española vive en el 90% del territorio. Son los habitantes de las zonas rurales.
>Es una población marcada por el envejecimiento -más de un 30% tiene más de 65 años en los municipios más pequeños- y por la masculinización: las mujeres abandonan los pueblos y el campo.
>La previsión es que el entorno rural quedará despoblado en unos 20 años, con importantes repercusiones para la agricultura, el medio ambiente y la estructura social.
Puedes leer todo el reportaje pinchando en este enlace.

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