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viernes, 28 de diciembre de 2012

Ganaderos proponen declarar Ávila “libre de lobos” y piden su aniquilamiento


Hay noticias tan amargas como la hiel. Tan tristes como una despedida, la del sentido común que, sin duda, les falta a los representantes de las organizaciones agrarias abulenses UPA-COAG. Unos señores que en estos días de poderosa luna llena invernal han enviado mociones a 22 ayuntamientos de la provincia de Ávila para que declaren sus términos
municipales como terreno “libre de lobos”. Ajenos a que Europa prohíbe cazar a este cánido al sur del río Duero.
“En Ávila no pueden convivir los lobos con la ganadería extensiva”, ha dicho sin rubor Jesús González Veneros, secretario de Ganadería de UPA, tal y como recoge Avilared.com González Veneros aludió en una rueda de prensa al “derecho a vivir de las vacas y ovejas, que a veces quedan malheridas y hay que llamar al veterinario para que las mate porque están agonizando”.
O el lobo o el ganadero”, esgrimen, tras calcular que los ataques han provocado este año la muerte de un centenar de animales.
La alcaldesa de Navalmoral de la Sierra, Gloria García, ya ha expresado su apoyo a dicha medida. “Está muy bien proteger al lobo, pero también hay que defender a la población rural”, señaló la regidora, quien confesó su preocupación por la despoblación que puede provocar esta situación.
Provoca sonrojo que la terrible crisis de la ganadería la paguen los lobos y nadie haga responsable de ella a la especulación de los piensos y de la leche, a la importación de productos baratos de terceros países, a la caída del consumo, al envejecimiento de la población rural, a la falta de pastores. Da vergüenza acusar al lobo de todo lo malo y olvidarse de exigir a la Junta de Castilla y León medidas compensatorias por mantener a esa joya de la naturaleza, además del pago rápido y ventajoso de los daños provocados por una valiosa especie protegida. Y da además lástima que después de tantos años de educación ambiental, de tantas subvenciones, de tantos programas de revalorización del mundo rural, vuelvan los argumentos del tiro y el veneno, de la erradicación. Pena porque quizá acabarán con los lobos, pero sin ellos sus explotaciones no mejorarán. Y yo desde luego, puestos a elegir a quién comprar la carne, lo tengo muy claro. A esos lobicidas ni 100 gramos.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Alzando el vuelo


Para relajarse. Para aprender. Para disfrutar. Será la influencia de Félix Rodríguez de la Fuente, no lo niego. Pero no hay un amante de la naturaleza que no se quede embelesado viendo un documental de medioambiente. Un buen documental donde esos animales que tanto nos cuesta descubrir en el campo se nos presentan cercanos en el televisor del salón de casa.
La veterana asociación conservacionista SEO/BirdLife nos regala hoy un precioso cortometraje dedicado al águila imperial ibérica y a su modélico proyecto Alzando el vuelo. No os lo perdáis porque es de “altos vuelos”. Cuenta con la colaboración del periodista Toni Garrido como locutor y del músico y famoso pianista italiano  Ludovico Einaudi. Este último reconoce en una entrevista algo que gusta escuchar de un artista:
No me gusta la idea de que la música solo haga referencia a sentimientos humanos; prefiero que se mueva y se desarrolle como un fenómeno natural”.
Pero lo más interesante del vídeo son sus personajes, y no me refiero sólo a águilas, jinetas y conejos. Me refiero a todos los ayuntamientos, propietarios de fincas y escuelas de la Red de Custodia Alzando el vuelo que participan con entusiasmo en la impagable tarea de tratar de salvar al águila imperial, ayudándola a volar de nuevo por los cielos ibéricos.
Después de varios días enzarzados en disputas con ese tipo de terribles cazadores que disparan a todo lo que se mueve, reconforta escuchar a personas cabales emocionadas porque las águilas les ayuden a mejorar la gestión de sus municipios e incluso de sus cotos de caza. Hay esperanza.


La crisis vuelve a poner de moda la caza de pajaritos



Eran escenas de los años de hierro, de los tiempos de la pobreza extrema, el hambre y el analfabetismo. Gentes sin oficio ni beneficio, obligadas a ganarse unas pocas perras gordas cazando pajaritos con cepos de ballesta hechos de chatarra reaprovechada. Que luego se comían fritos en casa o vendían en los bares para ser consumidos como esquelética tapa entre chato y chato de vino.
Zorzales, colirrojos, currucas, gorriones, petirrojos, mirlos,… Ave que vuela a la cazuela. O a la sartén.
¿Escenas del pasado? Desgraciadamente no. Entre otras muchas calamidades esta crisis nos ha traído de nuevo a los pajareros. Especialmente en el sur de la Península, mayoritariamente en los extrarradios de las grandes ciudades, la caza de pajarillos vuelve a estar de moda. De triste moda.
No os confundáis. No es una necesidad. Esta raquítica caza ni da dinero ni aplaca el hambre. Se hace más que por otra cosa por aburrimiento de parado. Por hacer algo. Ajenos a la barbaridad de matar unas avecillas insectívoras que han elegido nuestro país para pasar el invierno. Protegidas con cariño en sus lugares de cría y comidas en el nuestro. Vergonzoso.
Está prohibido, es verdad, pero da lo mismo. Este método es ilegal y la utilización de tales trampas mortales puede suponer desde multas hasta penas de cárcel. El problema es que muchos de quienes deberían perseguirlos les permiten seguir matando con esa condescendencia que da la lástima. Pobre gente. Sólo son unos pajarillos. Unos pocos miles, cientos de miles de pajarillos, de aves canoras, de beneficiosas aves.
Yo no estoy de acuerdo. Seremos pobres pero nos queda la cultura y el respeto a las leyes. Con los cazadores de pajaritos tolerancia cero. ¿No opinas tú lo mismo?

martes, 20 de noviembre de 2012

Día Universal del Niño 20 de noviembre

«Todos hemos sido niños alguna vez. Y todos deseamos por igual el bienestar de nuestros niños, que siempre ha sido y seguirá siendo el anhelo más universal de la humanidad».

viernes, 16 de noviembre de 2012

Un decreto amenaza a los últimos caballos salvajes de Galicia


La única cabaña de caballos salvajes de España, la más numerosa de Europa, está en peligro de desaparecer. Los garranos o ponis gallegos están amenazados por un decreto regional que impone fuertes multas a los propietarios por dejarlos en el monte, como se ha hecho desde hace miles de años. Los resultados de esta norma irreflexiva han sido fatales. Hace dos años había entre 18.000 y 20.000 cabezas de este animal único en Galicia. Ahora, aunque no hay censo oficial, no quedan más de 16.000. Los últimos equinos indomables a los que la administración se empeña en domesticar a golpe de boletín oficial. Algo tan difícil como domesticar jabalíes.
La nueva normativa dificulta la tenencia de dichos caballos, encareciéndola con tasas y caros microchips identificativos (más caros que los propios potros), burocratizándola y obligando a encerrar los animales en “pastos registrados”. Si el animal no tiene chip, será sacrificado.
Los garranos galaicos tienen un enorme valor biológico como mantenedores de unos paisajes únicos donde las praderas se intercalan con los bosques. También ayudan a evitar los incendios forestales. Incluso podrían llegar a ser considerados subespecie equina independiente, la Equus ferus atlanticus. Pero sobre todo tienen una inmensa importancia cultural. Especialmente en reuniones ganaderas únicas como la tradición de los curros o “rapa das bestas”, fiesta anual donde se les encierra por un día para raparlos y sanearlos, siendo devueltos después al monte. Sobreviven en un ambiente hostil donde no podría vivir un caballo doméstico, en dura lucha con el lobo, a cuyas poblaciones ayudan involuntariamente a conservar reduciendo así el impacto en la ganadería.
El biólogo Santiago Bas López es el promotor de una cibercampaña lanzada a través de Change.org para proteger a los últimos garranos galaicos. En 15 días ha logrado más de 10.000 firmas. Su objetivo es salvar al caballo salvaje “de un decreto que lo aboca a la extinción”. La suya y la de una cultura milenaria.

jueves, 15 de noviembre de 2012

'La Güela', la osa más veterana de Castilla y León ha muerto

 
La Güela, la osa más veterana de Castilla y León ha muerto. Vivía en el parque de Cabárceno ya que era imposible que sobreviviera en libertad. Estaba enferma, pero ha logrado todo un récord para los plantígrados, llegar a los 25 años.
La Güela era el ejemplar de oso pardo hembra salvaje más viejo de España. Desde el primer momento en el que se detectó la presencia de la osa en la montaña palentina, efectivos de la guardería y de la Junta de Castilla y León se han volcado en facilitar y alargar sus condiciones de vida.
Aún así no ha podido sobrevivir. En el último año sus condiciones de vida eran muy precarias, a penas comía y tenía grandes limitaciones sensoriales.
Una necropsia, para certificar las causas de su muerte, servirá además para realizar un estudio sobre el tipo de enfermedades que tienen los osos cuando llegan a la ancianidad.
La Güela es el ejemplo de que los osos en estas tierras palentinas morían de viejos, síntoma a su vez de la confortable calidad de vida.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Así matamos a los gigantes del bosque


Desde niño siempre me fascinaron las secuoyas. Especialmente un fabuloso ejemplar al que abrieron un gran túnel en su tronco para cruzarle una carretera. Me preguntaba ¿no sería más fácil rodearlo que atravesarlo? A través de Twitter, un reportaje publicado en Amusing Planet me ha recordado mis dudas y fascinaciones infantiles con este árbol. Muestra una serie de fotos de leñadores realizada en 1915 en Humboldt County, California, cuando la tala de secuoyas estaba en su apogeo. Las imágenes son parte de las colecciones de la Universidad Estatal de Humboldt y fueron realizadas por el fotógrafo sueco A.W. Ericson.
Cuando se descubrió oro en el noroeste de California en 1850, miles de personas se lanzaron a las remotas regiones donde crecían las secuoyas en busca del preciado metal. Fracasaron y se tuvieron que conformar con explotar otra riqueza, la madera de esos bosques milenarios donde crecen las coníferas más altas del planeta. Algunos de esos gigantes caídos tenían más de 2.000 años. Nacieron varios siglos antes de que lo hiciera Jesucristo, pero les dio igual. Los talaron.
El impacto fue terrible, a pesar de que fotografías como las del sueco Ericson pusieron en marcha los primeros movimientos ciudadanos para lograr su protección. En esa época las secuoyas cubrían más de 8.100 kilómetros cuadrados de la costa de California. Cuando finalmente el Redwood National Park fue creado en el año 1968, casi el 90% de los bosques originales de secuoyas habían desaparecido.
¿Imágenes del pasado? En absoluto. Las grandes secuoyas están finalmente protegidas, incluidos gigantes como Hyperion, una secuoya roja de 115,55 metros, el ser vivo más alto del mundo. Pero en las selvas del Amazonas, Borneo o Congo seguimos derribando gigantes únicos, los más viejos, grandes y hermosos del planeta, para convertirlos en papel higiénico. Sólo que ahora hemos aprendido. Ya no nos hacemos fotos delante de ellos.


Por cierto, que el nombre de secuoya tiene su gracia. Está dedicado a un jefe cheroqui llamado Sequoyah, aunque este pueblo era propio del centro-este de América del Norte donde nunca ha crecido uno de estos árboles. Un fallo del botánico.

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